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Hacer terapia

¿Cuándo es necesario comenzar a hacer terapia?

Como muchas cosas en la vida, no todos los que buscan analizarse lo hacen con los mismos objetivos o buscando llegar al mismo lugar, ni en el mismo momento de los acontecimientos que motivan la consulta. El momento en el que alguien pide hacer análisis o, al menos, hacer algunas consultas con un profesional, es singular pero siempre tiene un denominador común: la angustia. Muchas veces ocurre que se comienza por razones que urgen (separaciones, pérdidas recientes, ataques de pánico, etc.) y en otras ocasiones, alguien lo viene pensando desde hace largo tiempo y, finalmente, se decide a pedir ayuda por esos conflictos o síntomas que sabe que tiene sin resolver de larga data.

 

Advertencias a las que deberías prestarle atención y tomar la decisión de recurrir a un profesional

El estado de sufrimiento es el principal orientador de que se hace necesaria la consulta a un profesional. Por separaciones o fracasos amorosos, conflictos con los padres o con los hijos, dificultades laborales, indecisiones, duelos, sentimientos de soledad, depresión. Crisis de angustia, impulsividad, consumo problemático de alguna sustancia. Síntomas diversos que impiden o dificultan la vida cotidiana: actos o ideas obsesivas, fobias, temores excesivos e infundados. Sensación de ser perseguido, celos. Angustia sin explicación alguna, malestares físicos recurrentes.

Debe ser una advertencia para consultar todo aquello que cause un monto importante de angustia, que no se puede resolver aún habiendo probado distintos caminos, que no se modifica con solo proponérselo, que fue muy brusco y no se puede elaborar espontáneamente, o bien, que lo que nos dificulta realizar una vida medianamente plena y a gusto.

 

¿Qué tipo de terapias existen?

A grandes rasgos, las psicoterapias se esquematizan en las terapias focalizadas, como la cognitiva conductual y la gestalt, que trabajan con el aquí y el ahora o bien, lo situacional. Intentan destrabar conflictos puntuales, sin ir más allá en los orígenes de esos conflictos. También la terapia sistémica, muy aplicada a pareja y familia, trabaja con las dificultades de los sistemas vinculares, haciendo foco en lo que le acontece a cada individuo dentro de ese funcionamiento.

Y el psicoanálisis, que propone justamente una terapéutica que promueve, como vía de solución de los síntomas y los conflictos angustiantes, una trabajo personal en términos del propio deseo, que moviliza fuerzas muy poderosas, promueve y posibilita la creación de nuevas salidas por parte del sujeto y jamás deja de lado la responsabilidad subjetiva: tenemos que ver en la mayoría de los sufrimientos en los que estamos involucrados.

 

¿Qué cosas hay que tener en cuenta a la hora de elegir o seguir un tratamiento con un especialista?

Suele ser conveniente tener alguna referencia previa, aunque mínima, sobre la institución o colega al que vamos a consultar. Aunque en ocasiones el azar también puede ponernos frente a un profesional que posee todas las condiciones para ayudarnos. El paciente debe entender que la mayoría de las veces en una primera entrevista no es posible decidir si el profesional es o no el indicado. Puede llevar algunos encuentros. Elegir un analista o terapeuta depende de innumerables factores: si nos agradó, si hizo las preguntas pertinentes sobre nuestro motivo de consulta, si nos sentimos escuchados. Si, además de estas primeras cuestiones, luego interviene de un modo que nos ayuda a pensar, a cuestionarnos, a rectificar nuestras certezas hacia otro rumbo. Si plantea pautas básicas claras sobre el horario, el honorario, etc. Cuando alguien ha tenido ya una o varias experiencias previas, suele serle más fácil decidir si se queda con ese nuevo analista o sigue buscando con quién hacerse tratar.

 

Signos de alarma de que la terapia no va por el lado correcto 

Los signos de alarma respecto de si un espacio terapéutico (sea psicoanalítico o no) está yendo para algún lugar conveniente o no, son muy diversos.

Puede ocurrir que el analista sea excelente, pero que el paciente perciba que a él no lo está ayudando, que no hay progreso (esto a veces forma parte de la ansiedad del paciente, quien debe poder tolerar los tiempos de trabajo sobre los síntomas).

También puede ocurrir que alguien sienta que no es escuchado, que el profesional no recuerda nada de las cuestiones fundamentales de sus circunstancias.

Que el profesional incumple en atenderlo cuando ha sido pactado, de manera reiterada y constante. Que altere horarios, honorarios de manera que el espacio sea inviable.

Que el profesional traspase los límites de la abstinencia terapéutica y comente cuestiones personales manifiestamente.

Que incomode de manera impropia a un paciente con comentarios interpersonales fuera de lugar (sugerencias sexuales, opiniones comunes, prejuicios evidentes, discriminación religiosa, política, de género, de orientación sexual, etc.).