Tiempo Psicoanalisis

El espacio de supervisión

 

por Ana Staw.

“El analista experimentado sería no el que más sabe, sino el que no está sin su ignorancia.”  M. Safouan

Lo que me causó pensar en este trabajo fue la presentación de un escrito que realizó un grupo de pasantes que participaron en la actividad de supervisiones durante el segundo cuatrimestre del año 2015 en la Fundación Tiempo.

Al leerlo y hacerles la devolución pensé que sería interesante pensar acerca de esta tarea, la de supervisar. Por un lado observé que se mezclaban conceptos desde distintas vertientes teóricas que no hacían más que nublar y confundir la visión, y por otro resultaba interesante leer en esa producción cómo era vista la actividad desde la postura de alguien que observa a un grupo supervisando, si bien ellos participaban en las supervisiones aportando sus pareceres.

Recurrí al sujeto al que le suponemos saber sobre todo en estos tiempos informáticos, el señor google, y para mi sorpresa los pocos artículos referentes al tema databan de por lo menos 20 años atrás, y luego pude encontrar muy pocos.

 Me pregunté qué será lo que pasa que sobre la supervisión no se habla ni escribe mucho.  No son muchas las referencias en Freud o Lacan, y sobre este tema, como en tantos que hay en psicoanálisis, o diría, en la mayor parte de las cosas, hay muchas miradas, según quién y desde dónde se lea este término.

Supervisión, análisis de control, análisis didáctico. ¿De qué hablamos cuando nos referimos a ellos?

Súper – visión. En nuestro idioma aludimos a un imaginario prevaleciente, súper es sinónimo de grandilocuente. ¿Una súper-visión  será la mirada en su omnipresencia?. ¿Qué tendrá que ver esto con la escucha analítica?

Control. El término control alude en alemán a orientación y no tanto a lo que nosotros suponemos como control policíaco.  Bajo la Asociación Psicoanalítica de EEUU la palabra alemana control se fue desplazando al término anglosajón de supervisión.

Didáctico. Sin entrar a los detalles de la pedagogía, lo didáctico alude a enseñanza, a discurso universitario.

No terminan de conformarme ninguno de estos términos. En este trabajo intentaré transmitir las disidencias respecto de las líneas previamente enunciadas  y las líneas que me parecen más pertinentes con la praxis que me convoca.

Haciendo un poco de historia:

En una carta que Ferenczi le escribe a Freud en 1908 plantea “Tengo una tendencia a considerar como propios los asuntos de los enfermos…”. Al año siguiente en otra carta (esta vez a Jung), Freud menciona por primera vez el término “contratransferencia”.

En 1912 nos dice el maestro  “…A cada una de las represiones no vencidas en el médico corresponde un punto ciego en su percepción analítica”. [1] Este obstáculo no se resuelve en la supervisión, pero sí se puede señalar o percatar. En el mismo texto nos advierte que el analista no se tome por salvador, por un padre o una madre. Sugiere que el analista no debe querer a cualquier precio el bien del paciente, su curación o felicidad.

Será en su artículo “La enseñanza del psicoanálisis en la universidad”[2]donde dirá: “…en cuanto a su experiencia práctica, aparte de adquirirla a través de su propio análisis, podrá lograrlo mediante tratamiento efectivo bajo el control y la guía de los psicoanalistas más reconocidos”…

Curioso para nosotros, con los 4 discursos propuestos por Lacan, que esto se plantee precisamente en el discurso universitario. Es un riesgo que se ponga en juego ese discurso, en el que  el lugar de agente es ocupado por el S1 que se dirige a otro, el alumno que ocupa el lugar de a pequeño. Este discurso ubicaría al analista en lugar de aquel que posee todo el saber y se dirige a un objeto, y el riesgo es que esta modalidad prime en un análisis ya sea de control o no. Pero no debemos olvidar el contexto de la época y el anhelo de Freud de ser reconocido precisamente en el ambiente médico universitario. Aunque en el quinto congreso de la IPA señalaba que si bien la incorporación del psicoanálisis a la enseñanza universitaria significaría una satisfacción moral para todo psicoanalista, se podría prescindir de ella teniendo orientación teórica mediante el estudio de bibliografía pertinente y más concretamente en las sesiones científicas de las asociaciones psicoanalíticas, así como el contacto con los miembros más experimentados.

Freud plantea la necesidad de 3 elementos básicos, la formación teórica, el propio análisis y el análisis de control.[3]

También dirá que ningún analista llega más allá de donde le permiten sus complejos y resistencias…estos quedan en evidencia en el intercambio con otros analistas[4].

En el V Congreso de Psicoanálisis Numberg propone el análisis didáctico diciendo: “los estudiantes deben aprender la técnica de sus didactas…reproduciéndola fielmente”.

En la historia del psicoanálisis Max Eitingon fue un protagonista importante.  Fue paciente de Freud, y si bien no se conocen muchas producciones teóricas, tuvo un rol importante en la política institucional.

Freud le confía a Eitingon la organización de lo que concernía a la formación. Escribe la reglamentación en la formación de analistas. Esas reglas determinan que los analistas deben seguir didactas de la Ipa. Y el análisis didáctico tiene que ser conducido por didactas.

El didáctico indica cómo “ser” analista, es necesario tomar 4 sesiones semanales. Plantea un análisis ideal. Sin entrar en detalles en relación al ser, sabemos que en el análisis el serda consistencia, cierra,  tarea opuesta a lo que me parece intentamos en un análisis.

La identificación con el analista sería la salida posible del análisis didáctico.

Ser iguales a un analista ideal… ¿Fotocopiamos, clonamos al analista? ¿Hay  un otro que nos indica qué es lo ideal? ¿ no basta con el superyó de cada cual? .

¿Qué lugar deja esta posición para la invención?

En el seminario de los 4 Conceptos Lacan propone  la operación analítica dirigida a mantener la mayor distancia entre  I y a. Si el analista encarna el I debe finalizar esta idealización. Rechazo a la identificación al analista.  Precisamente la abstinencia recomendada por Freud es no inocular el ideal para poder escuchar el deseo.

Algo de la castración está en juego siempre. Y sin ello, cualquier analista que se erija en amo, que esconde la castración ¿hacia dónde dirigirá una cura? El supervisor intenta rescatar al analista de cierta alienación a lo sabido. Devolver la hiancia.

Es tan interesante y hasta sorprendente cuando el supervisor escucha el relato ya filtrado de quien supervisa y se producen descubrimientos para ambos.

Las 3 “patas” necesarias: formación, análisis y control,  son retomadas por Lacan en la Proposición del 9/10/67 como elementos que  permitirán transitar en el autorizarse de una función.

 “El análisis de control se plantea como un control del análisis mismo y no de la persona del analista, sino del deseo que está en juego en la situación que se relata”. Inclusive sostieneen ese texto que se trata de una corrección del deseo de analista, entendiendo como esto no como corrección sobre la base a un modelo, sino como una rectificación en su función de hacerse causa del deseo del analizante.

El deseo de saber, en la función del analista, es lo que lleva al lugar en que se coloca. Hay un deseo que es propio de cada analista, función que pertenece al campo del saber hacer, mientras el deseo de cada cual  (lo que se suele llamar contratransferencia), es lo que interfiere en el dispositivo para sobredeterminar así la dirección que se da. Es la suma de los prejuicios del analista.

El discurso esta presentado como un modo de uso del lenguaje como vínculo, fundado en la estructura, efecto de la cadena significante.

“Estructura necesaria que va mas allá de la palabra caracterizado por relaciones estables entre los significantes de la cual emerge un sujeto”

Son cuatro configuraciones significantes en principio, aparatos de cuatro patas, cuadrípodos giratorios, con cuatro posiciones, que conforman lo que presentará Lacan como los cuatro discursos.

Para que haya discurso analítico hay un paciente como sujeto del inconsciente, el analista Gran A o petit a, ideal u objeto encarnado, la transferencia, el Sss, y también una función que garantice que hay análisis. Al ofrecerse el analista como semblante del objeto, como resto a partir del cual el fantasma fundamental es establecido en la transferencia, el analista opera con su deseo en tanto deseo de analista. La causa hace trabajar la división.

Así, en tanto analistas, contamos con la imposibilidad como condición de nuestro quehacer. Educar, gobernar y psicoanalizar[5], a lo que se le agrega el hacer desear. Son tareas imposibles por las que se debe transitar necesariamente.

El analista se autoriza a sí mismo en el discurso analítico. Y articulando ese discurso con el espacio de la supervisión vemoscomo Lacan dice “Del análisis se desprende una experiencia, a la que es errado calificar de didáctico, la experiencia no es didáctica…Si vemos que un análisis implica la conquista de un saber que está ahí, antes de lo que sepamos, esto es el inconsciente, y desde luego que el sujeto puede aprender allí cómo es eso que se produjo. En este sentido, y sólo en este sentido, un análisis es didáctico…es una dimensión diferente de aprender….piense lo que piense el sujeto no lo aprendió, pero eso se reveló ante él”.[6]

El espacio del análisis de control toca lugares que a veces el análisis personal no ha llegado. Sin embargo  la supervisión no sustituye el análisis.

Saber hacer allí no se trata de una técnica. Tampoco una división entre clínica y teoría. Más bien se trata de transmitir algo nuevo, poder leer algo de la llamada por algunos contratransferencia (término a veces polémico si pensamos en que esta ya está incluida en el concepto de transferencia).

Por supuesto que algo de la transferencia se pone en juego con el supervisor.  Y está en él,como en todo analista“no creérsela”. No es transmisión de conocimientos ni una enseñanza artesanal.

Quien supervisa no acude buscando un cambio de posición subjetiva. Partimos que quien pide supervisar está con dudas frente a determinada situación transferencial, ubico allí las dudas diagnósticas etc.   Quien lo escucha intenta leer allí y transformar eso que dice el analista de su paciente en algo legible. Poder darle a los tropiezos, inhibiciones o angustia del analista el valor de una pregunta, conmover eso que conmueve a quien relata para permitir que algo de ello posibilite la eficacia de la pregunta, que producirá efectos en la dirección de la cura respecto del sujeto analizante sobre el cual se trabaja en el caso presentado .

 El saber hacer ahí, puesto en el lugar de sublimación, la recuperación de la  invención, es algo a lo que apunta el supervisor. Intenta flexibilizar la teoría que trae quien supervisa sobre su paciente.

El analista supervisor está con su saber, que es al mismo tiempo su falta.


[1]Freud Sigmund, Consejos al médico” Obras completas, Edición Ballesteros, Tomo II, página 1657

[2]Freud S, Obras completas, Edición Ballesteros, Tomo III, página 2454

[3]  Freud S“Análisis terminable e interminable”, Obras completas, Edición Ballesteros, Tomo III, página 3361

[4]Freud S,  “El porvenir de la terapia analítica” Obras completas, Edición Ballesteros,

[5]Freud S. “Análisis terminable e interminable”, Obras Completas. Tomo III Edición Ballesteros

[6]Ornicar?. El saber del psicoanálisis. Sobre la experiencia del pase. Pág. 37