Tiempo Psicoanalisis

Presentación del libro Ética y Malestar. Ana Staw.

Ética y Malestar. Ensayos sobre ética y psicoanálisis. 
Autor: Eduardo Laso

Texto de la presentación del libro a cargo de Ana Staw, el 3-6-2016.

Cuando Eduardo me propuso comentar su libro me sentí halagada y al mismo tiempo tomé la propuesta como  un desafío.

 Conozco la rigurosidad del autor, su calidad de escritura y la claridad que tiene en la transmisión de conceptos. La lectura de este libro no hizo más que confirmar esas cualidades.

Primero se me presentó el imperativo superyoico, el mío, de saber sobre filosofía. A medida que fui adentrándome en el texto esa falta relanzó mi curiosidad, no como imperativo, sino como interés. Fui avanzando y descubriendo en la lectura que éste es un libro que se torna muy clínico.

Articulando y desplegando conceptos teóricos  nos orienta hacia los ejes de una ética en la dirección de la cura. Define que su “texto toma como eje el lugar de la ética Kantiana en la elaboración de una ética del psicoanálisis llevada a cabo por Lacan. Al contario de las éticas filosóficas que hasta ese entonces identificaban el bien con la felicidad o el bienestar, se ubica la relación entre el Bien y el Malestar. Lacan no pretende hacer filosofía, sino avanzar en el esclarecimiento de la experiencia que abre el inconsciente freudiano y lo que implica la posición del sujeto al fin de un análisis. El estatuto del inconsciente no es óntico, sino ético. Punto de partida para una ética de lo real, que no es otra cosa que una ética para con lo real de lo incurable de la no relación sexual.”

El autor hace un recorrido histórico y filosófico, marcando los efectos del predominio de la razón en las ideas acerca de la subjetividad, graficando a partir del grabado de Goya de la serie “Los caprichos” donde se escribe “el sueño de la razón produce monstruos”. El libro consta de 3 partes.

Retoma autores como Hegel, Adorno  y Horkheimer para desplegar los sueños y las pesadillas del iluminismo, así como Marx, Kierkergaard y Nietzche, quienes dejarán terreno a Freud, quien abrirá la experiencia del inconsciente.

En la primer parte, a  partir de un despliegue puntilloso de la ética kantiana y su máxima "obra de tal modo, que la máxima de tu voluntad pueda valer siempre, al mismo tiempo, como principio de una legislación universal”, plantea las consecuencias de la misma en la subjetividad, diferenciándola del psicoanálisis. Destaca: “Es como Otro que uno desea, y el dilema ético con que se confronta el sujeto es decidir si quiere o no quiere lo que desea en él. Por supuesto, la solución kantiana y la que aporta el psicoanálisis no son equivalentes. Se trata de concepciones de la subjetividad diferentes: la que va de la razón autoconsciente y libre, al sujeto efecto del significante y dividido, en una relación al Otro en torno de la que se estructuran identificaciones, fantasmas y deseos. Lacan señala que realizada la operación de eliminar los objetos “deseables” como fundamento de la ley moral, Kant no preserva ese vacío como falta y como causa, al ubicar allí su imperativo.”

El libro recorre la gramática de la pulsión, la lógica del fantasma, la retórica del inconsciente, el significante fálico, la metáfora paterna, o la verdad –por nombrar algunas categorías centrales de Lacan.

A partir de trabajar el concepto de libertad en Kant y en Lacan, el autor hace un desarrollo  muy claro de la construcción??? del sujeto y el lugar el deseo, el objeto, la alienación y separación, trabajando el concepto del libre albedrío que surgen de los dos apólogos kantianos.

Nos señala: “Para un analizante, poder entender la estructura su deseo como deseo del Otro posibilita un margen de libertad. Permite situar la determinación por unos significantes singulares que lo han fijado a la pasión por hacer del deseo el deseo del Otro y las aporías del deseo a las que esto conduce en las neurosis (deseo prevenido, insatisfecho o imposible). Le da la chance de un acto ético que reinscriba la castración del Otro y reitere la operación de separación, antes que perderse en los imperativos categóricos de la razón pura práctica y la racionalización solapada del superyó, que ordena gozar”.

Eduardo nos hace recorrer los seminarios de Lacan y sus escritos de un modo articulado, los bordea, se adentra en ellos a través del eje de la posición ética del analista. Vuelve a Freud, al Proyecto para una psicología para neurólogos, al Más allá del principio del placer. Y lee a Lacan en Kant con Sade diciéndonos “Cuando la moral se hace garante de la Cosa, aparece una ética que se dirige a lo real, ética diferente a la del bienestar. Kant y Sade son aquí los pensadores en los que Lacan se apoyará para plantear por qué, desde el psicoanálisis no se trata de una ética del imperativo como garante de la Cosa. Efectivamente se trata de una ética de lo real, es una ética para con lo real de la Cosa, y no de lo real de la Cosa. La ética de la Cosa es la ética del superyó, que ordena gozar con la Cosa, al precio del deseo. En tanto renegación de la castración, la ética de lo real es una ética perversa, porque vuelve la no relación sexual de imposible a posible y necesaria. Con las consecuencias que eso conlleva para el sujeto de deseo”.

En Kant con Sade demuestra que la ética kantiana consiste en un imperativo que se confunde con la Cosa, de ahí su carácter superyoico y paradójicamente congruente con la máxima sadiana. Y que es Freud quien introduce una subversión del campo de la ética al mostrarnos que no hay soberano Bien “Si la Cosa en el fondo es una falta estructural que se ha significado como Cosa perdida, la idea del soberano Bien de las éticas así como la ilusión de las religiones, es recuperar lo que nunca estuvo. Pero inscribir la Cosa como vacio estructural conduce a otra dirección en el campo de la ética. Por ejemplo, a la sublimación como destino pulsional diferente del de la transformación de lo contrario y la vuelta contra sí misma o la represión. La sublimación permite hacer otra cosa con la pulsión que el contorneo repetitivo en torno de una falta: permite hacer de un objeto Otro, la representación de la Cosa. Lo que viene en el lugar de la Cosa en la sublimación tiene el valor de ser otra que la Cosa incestuosa. Lo que posibilita al sujeto una satisfacción con la pulsión.”

La  novedad ética del psicoanálisis que Freud introduce no se trata en el análisis de la búsqueda del bien, sino de un bien-decir sobre el deseo.

Concluyendo con la primer parte del libro nos dice el autor: “La ética ante lo real es una ética del deseo, a sostenerse frente a los convites sacrificiales de su cesión al deseo del Otro en busca del signo de un amor sin límites. El deseo es en ese sentido una defensa contra el goce del Otro. Pero el sostén del sujeto del deseo para no traicionarse en favor del Otro no califica per se al deseo del sujeto como siendo ético. Abre en todo caso las vías de una interrogación sobre la regulación del deseo y el goce, de las que el sujeto es responsable ante sí y ante la polis, dado que las vías de su realización son diversas y no necesariamente “éticas”.”

Se enfatiza el eje de la responsabilidad en los siguientes tramos del libro. “Mentir” y “Obedecer”.

El segundo ensayo trabaja sobre el derecho a mentir  y  el deber de veracidad, desplegando un contrapunto muy interesante entre Kant y Constant, un filósofo y político contemporáneo del primero. Despliega el concepto de verdad para el psicoanálisis  y nos dice “La ética del deseo no implica que el deseo sea ético: los deseos parricidas, incestuosos, crueles, criminales o masoquistas pululan en los fantasmas de los analizantes. El psicoanálisis es una propedéutica para una ética: conduce al sujeto a las puertas de un acto ético, pero el traspaso por esa puerta queda a cuenta del analizante. En todo caso, se espera que la ética del deseo que pone en juego el análisis conduzca a un deseo decidido. Es decir, que el sujeto decida sobre él, que tome una decisión sobre si quiere o no lo que desea, y las vías por las cuales, si se decide, lo lleve a cabo. Punto en el cual el sujeto se confronta con la responsabilidad por sus deseos ante sí mismo y ante la polis.”

Basándose  en una novela corta de Sartre,  Laso despliega de un modo exquisito y atrapante el concepto de responsabilidad subjetiva y el azar. Nos resulta muy útil la distinción lacaniana  que señala entre automaton y tyche, “entre la insistencia significante del determinismo del inconsciente, que se expresa en sus formaciones y de las que el sujeto deberá hacerse cargo, del encuentro con lo real incalculable, del que no puede haber ninguna marca consciente o inconsciente, ya que ese mismo encuentro es lo que está en el principio de la producción de marcas para una posible subjetivación”.

El análisis que hace el autor sobre los diferentes modos de interpretar al personaje de ficción dan cuenta de su posición en relación a qué es psicoanalizar.

El último ensayo del libro nos habla sobre el deber de la obediencia. Aquí con Kant  nos aproxima a Eichmann  y  a Hannah Arendt que elevará a este personaje en el paradigma de su concepto de banalidad del mal.  Distinguirá las palabras holocausto y Shoah, que no remite a un sacrificio sino a exterminio, devastación, arrasamiento, catástrofe. Algo traumático no cancelado en la significación pero que persiste en la palabra humana, un núcleo de ciega opacidad real e incurable introducido en la historia y la cultura humana. La obediencia debida nos toca de cerca en nuestra historia. La relación lógica entre obediencia, ética kantiana, y vía sacrificial conduce a lo peor. La vía del análisis no es la del deseo puro, deseo de ser Uno con el mandato del Otro, desapareciendo como sujeto de deseo. El único deseo puro, es la Cosa, una falta entre el sujeto y el Otro.

El autor nos hace un pormenorizado relato del libro  “El lector”, de Bernhard Schlink y describe la versión cinematográfica diferenciándola de la escrita. Continúa trabajando el concepto de responsabilidad subjetiva distinguiéndola de la responsabilidad jurídica.

Ética y Malestar es un libro  que nos va atrapando en su lectura. Como ya dije, tiene una claridad conceptual y una calidad de escritura propias de su autor. Cada párrafo encierra reflexiones profundas que abren líneas de pensamientos y recorrido. Invita a seguir leyéndolo, subrayarlo, volver hacia lo leído. Fue para mí un gusto y un honor haberlo leído y comentarlo. Muchas Gracias Eduardo Laso.