Tiempo Psicoanalisis

Sobre el cuerpo en el discurso analítico, de Silvina Hernández.

Silvina Hernández 

Introducción:

Voy a comenzar con unos epígrafes que son en realidad citas ordenadoras de mi trabajo.

“… porque no es con la verdad y el semblante, el goce y el plus de goce que se hace la filosofía”.

J Lacan. Seminario 19. …Où Pire. 21/6/1972.

“Entre los tantos títulos del Seminario 20, Todavia un cuerpo y es probable que este sea un convite para nosotros. Respecto del cual es preciso aclarar, que ahí hay un cuerpo del que no se ha dicho lo suficiente, que no es ni el cuerpo impropio, ni el cuerpo agujereal (pulsional); sino que es este otro. Que el alma es la identidad supuesta a este cuerpo… podríamos quizas decir que se trata en efecto, del cuerpalma”

R Harari. ¿Qué dice del cuerpo nuestro psicoanálisis? Pag. 173. 2012.

 “La publicación de los Estudios sobre la histeria de Freud y Breuer en 1895, al ilustrar la lógica del inconsciente en los sufrimientos de la histeria, abría una primera brecha en este acercamiento estrictamente neurológico y recordaba a su manera que el hombre no es una mera serie de fibras nerviosas o el apéndice indiferente de una actividad biológica autónoma del cerebro” 

D. Le Breton. Antropología del dolor. 1999.

«El dolor en sí mismo -escribe E. Levinas- comporta una especie de paroxismo, como si algo aún más desgarrador que el sufrimiento se fuera a producir, como si a pesar de toda la imposibilidad de retroceso que es el sufrimiento, todavía quedara espacio para un acontecimiento, como si aún fuera necesario inquietarse por algo, o estuviéramos en víspera de un acontecimiento que seguirá al que ya ha hecho su aparición con el sufrimiento” Le Breton. Pag 42. E. Levinas El tiempo y el otro. (1983)

En las últimas jornadas de Mayéutica “Del cuerpo en la praxis psicoanalítica” trabajé una clase de Lacan del Seminario 19, Où Pire, y me centré en la cuestión menciona de las entrevistas preliminares como la confrontación de los cuerpos, lo cual entrado en el discurso analítico dice Lacan, ya no se tratará de eso, entonces de ahí mi pregunta de que se trata la cuestión del cuerpo en el discurso analítico.

Entiendo por discurso como lo trabajó Lacan en el seminario 17, un discurso es una determinada disposición de lugares, disposición del sujeto, del objeto, del saber y de la verdad. (1° clase del Seminario 17 están todos los discursos que va a trabajar)

Edgardo Feinsilber en una actividad de clínica sostenía que seria importante trabajar la diferencia entre la persona del analista y su presencia. Harari dirá “una presencia que es además  lo Real del cuerpo del analista” (El analista en cuerpo… no sin consecuencias. Pag 131)

Lacan en el Seminario 19 dice que “porque el analista en cuerpo instala el objeto en el lugar del semblante existe lo que se llama discurso analítico” Discurso no en lo que es dicho, sino en su decir, aclara. (pag 140)

Respecto del cuerpo decimos cuerpo imaginario, el de la unidad del estadio del espejo, el del moi; cuerpo pulsional, agujereal y lo Real del cuerpo, este “en cuerpo” que menciona Lacan, para Harari es del orden de lo Real del cuerpo, en tanto sería ese cuerpo propio del que habla Freud en El malestar en la cultura como una de las causas de infelicidad del hombre, cuando su cuerpo propio le da noticias de él con una enfermedad o con el dolor. 

Este “en cuerpo” del analista con todo lo que ello implica sería un primer intento de respuesta respecto de sobre el cuerpo del analista en el discurso analítico, el analista en tanto presencia que delimita lugares haciendo semblante de objeto, ya que hay una función del discurso y un soporte, es el analista soportando la transferencia y no sin el deseo de analista.

¿Y el cuerpo del analizante?

Lucrecia llega derivada por un psiquiatra que me manda un mensaje que dice: le di tu N° a la Sra. Lucrecia XX hacé lo que puedas.

Lucrecia llama y viene al consultorio, me encuentro con una mujer de 72 años, alta, bonita, vestida informal, como una adolescente pero bien vestida. Me relata que desde hace un tiempo, tiene un síntoma muy molesto, le arde el cuerpo estando en la cama, como si le quemase la piel, y esto se agravó el último año.

Lucrecia es viuda, en realidad estaba ya separada de su marido cuando este fallece, hace 25 años, aprox. Tiene 2 hijos mayores de 43 y 48 años. Con el mayor que esta casado y tiene una hija, tiene una relación medianamente buena. El problema es con el menor.

El recorrido que hizo Lucrecia por el médico, neurólogo, psiquiatra no ha determinado ninguna enfermedad tratable por la medicina convencional, la han medicado con algo para dormir, con un alplax y no mucho más.

Se trata de una mujer culta que vive de la herencia familiar,  que no necesitó trabajar para vivir pero que ha hecho muchas cosas, de joven fue modelo, y trabajaba de voluntaria en el hospital de niños, allí conoció a su marido, 20 años mayor con quien huye porque este era divorciado y se casan en Paraguay. Tiene una actitud aniñada y siempre se dedicó a realizar decoración y objetos para niños.

Cuando sus hijos tienen aprox. 20 años queda viuda y a cada hijo le queda un departamento y se van a vivir solos con una buena herencia.

Lucrecia desde el principio remite a su preocupación por su hijo menor, cuenta que siempre tuvo problemas en la escuela, de adolescente, dificultades para estudiar y muy mala relación con ella. Antes de que fallezca el padre ya habían conseguido enviarlo a estudiar al exterior, allí parece que eso funciona, el muchacho hace una carrera y regresa años después a trabajar aquí en un organismo internacional. Hasta ahí para Lucrecia todo en orden, remarca que el hijo  tenia un muy buen trabajo.

Los problemas comienzan con el casamiento de este hijo hace pocos años 6, 7 años atras, con una mujer de otra clase dice , “que lo enganchó en la vereda de este organismo” el relato de Lucrecia es que desde ese momento empieza la decadencia de este hijo, y sus malestares, él deja ese trabajo, vende sus propiedades, hace malos negocios hasta terminar hoy en día, según su relato, casi en la miseria en un campo alejado, separado y pidiéndole dinero. Y ella teme que le pase algo, que haga una locura.

Sostiene y cree que si tuviese más dinero, le compraría un departamento y se solucionaría todo, si me saco la grande dice.

Que es lo que va pudiendo contar a lo largo de las entrevistas, entrelazado en este relato de la decadencia de su hijo, al temor a tener que vivir con él, (porque se ha separado este año de su mujer), dice que es muy raro, que cuando puede  intenta tocarla, que ella tiene miedo que le haga algo, algo sexual. Esta es su gran fantasía y su gran temor, hecha síntoma en ardores y dolores en el cuerpo.

A medida que Lucrecia habla de este temor estos dolores se van modificando y se transforman en un estado un poco confuso, de repliegue, de encierro, le cuesta conectarse con gente, hacer algo durante el día, duerme mucho. Y en las sesiones comienza a desarrollar su historia familiar, bastante idealizada aunque también dolorosa, y siempre hay unas palabras para el tema de su hijo.

Para pensar que le sucede a Lucrecia ante la fantasía de consumación del incesto con su hijo, y como esto se le adhiere ardiente al cuerpo, lejos de la frase “la tranquila noche del cuerpo” que se refiere al cuerpo sano y más cerca de otra frase que Harari destaca de Le Breton en el libro  Antropología del dolor, quien define lo siguiente “todo dolor incluso el más modesto, induce a la metamorfosis”.

Hace referencia a una metamorfosis degradante, cita a Kafka, a Narciso, Tiresias, y a las metamorfosis que en vez de buscar un cambio buscan la perdurabilidad, tema más que actual con las cirugías que se ven hoy en día y que muchas son degradantes más que embellecedoras.

Pero lo que más me interesa es el punto freudiano respecto de la metamorfosis, en la pubertad, en donde el surgimiento libidinal haría posible la consumación edípica e incestuosa.

Lejos está Lucrecia de ser una púber, aquí no se trataría de los cambios en el cuerpo desarrollándose como en la adolescencia, sino en el efecto de la  irrupción de  la evidente sexualidad de su hijo, al ponerse de novio, casarse, y tener un hijo con su mujer y posteriormente ante el supuesto derrumbe económico, me pregunto si será también un derrumbe psíquico porque cuenta algunas situaciones un poco bizarras.

Como pensar el efecto en el cuerpo de esta fantasía de incesto, a que cuerpo afecta ya que no se trata del cuerpo propio en tanto enfermo, pero si cuerpo propio “en cuerpo” que produce un padecimiento, hay ardor y dolor,  y del cuerpo pulsionado no regulado totalmente por la prohibición del incesto, una falla en donde no alcanzan los significantes para domesticar lo pulsional, falla que lleva a necesitar la distancia física y real de este hijo, o al desconocimiento, o negación de la sexualidad de este. Cuando este hijo terminó el colegio ella dice “lo mandamos a estudiar al exterior” este fantasma ha estado presente siempre.

De estos decires se tratará en el trascurso de un análisis, Lucrecia dice con su síntoma y dice con sus relatos, sabe en su cuerpo, sospecha de qué se trata su malestar, lo dice como puede, en donde se le ofrece un espacio para ello. Lucrecia recuerda otros dolores, la importancia que su madre le daba a que hable francés y alemán, para ser una mujer culta de sociedad, pero también relata que en sus últimos años su madre prefería estar sola y encerrada, y que murió triste a los 74 de años.

Si bien Lacan luego del seminario 19 hace un giro en el modo de la transmisión, sigue sosteniendo la importancia del cuerpo en los tres registros y en el texto de La Tercera (1974) lo articula con el lugar del analista en la trasferencia y me parece importante para pensar lo que le sucede a Lucrecia.

Dice Lacan, que en la Transferencia el analista sabe en que consiste lo inconsciente, por ser un saber que se articula a lalengua. El cuerpo se anuda por lo Real con que se goza, el cuerpo que allí habla… ha de comprenderse al cuerpo al natural como reanudado de ese Real que por más que exista en él en virtud de que hace a su goce, le sigue siendo opaco.

Bibliografía.

J. Lacan.- Seminario 19 Où Pire. 1971-1972.

J. Lacan.- La Tercera. Intervenciones y textos 2. 1974. Ed. Manantial

R. Harari ¿Qué dice del cuerpo nuestro psicoanálisis? Ed. Mayéutica. 2012.

D. Le Breton. Antropología del dolor. 1999. Ed. Fondo de Cultura.