Tiempo Psicoanalisis

"Me pegan, me hizo pegar, me pego" Recorte de un caso clínico, de Lic. Romina Lorenzo

Romina Lorenzo

Demian es un paciente de 4 años. La consulta la realiza su mamá Laura, quien manifiesta en la primer entrevista estar preocupada por su hijo debido a “los berrinches que hace en el colegio, le cuesta quedarse quieto”.

Los hijos más grandes y Demián son fruto del primer matrimonio de Laura; el papa no se vincula con sus hijos y la más chiquita es de su actual pareja, Matías. Este forma pareja con Laura cuando Demián tenía 10 meses, por lo cual es reconocido por él como papá. Laura no convive con Matías por razones económicas, éste vive con sus padres. Demian lleva el apellido de su mamá ya que según Laura cuando Matías le propone darle su apellido “sentí que me iba a sacar un pedazo, le dije que no podía compartirlo”.  

La mamá me cuenta que se fuga con su primer marido a los 15 años, residieron en la casa de los padres de éste quienes se hicieron cargo de ella por ser menor de edad, a raíz de la violencia física que este ejercía con ella, Laura termina internada en un hogar materno infantil. Laura refiere que el embarazo de Demian fue distinto para ella, ya que lo vivió con mayor tranquilidad. Diferente a los otros partos quien ella reconoce haber sentido cierto rechazo cuando nacieron, no los quería ver.

Ella y sus cuatro hijos residen en un departamento de 3 ambientes conjuntamente con sus hermanas y su madre, en total son trece personas, “ todas madres solteras”.

Cuando lo recibo a Demián la primera vez, es un niño inquieto, quiere agarrar todo y tiene ciertas dificultades para aceptar límites. Por otro lado es sumamente afectuoso y siempre busca mantener el contacto físico, me abraza, me quiere dar besos. 

En la segunda entrevista, observándolo, me percato y me doy cuenta que tiene un golpe en la cabeza. Le pregunto que le paso y me dice “mamá me lo hizo cuando me bañe yo me quería bañar último porque quería ver dragón ball Z”. Yo le pregunto si esto pasa seguido, me dice que no.

Cuando termina la entrevista y viene Laura a buscarlo, esta me dice que esta desesperada que no sabe que hacer porque en el colegio Demián no para de golpearse, lo tienen que sacar de la sala, que en la casa hace lo mismo, y que en el colegio ya no saben que hacer.

En la entrevista siguiente, la mamá me cuenta que hoy tuvo un ataque en el colegio, se tiro al piso, se golpeo contra la pared y lo tuvieron que agarrar entre la directora y la maestra.

Yo le pregunto al inicio de la entrevista que le paso en el colegio “me golpeo todo, me golpeo contra la pared, Sandra me golpeo”. Yo le digo como es esto se golpeó el o Sandra. “yo me pego cuando me pongo nervioso, cuando no me dejan hacer algo que yo quiero” Yo le digo que no todo se lo puede hacer, como acá en el consultorio que hay cosas que no se pueden hacer, que puede intentar decirle a su mamá o a la maestra cuando esta enojado. Él me refiere “mi mamá no me escucha por eso”. Yo le digo que yo si lo voy a escuchar que a mi no me gustaría que se lastime.

Aquí comienza a jugar con una pelota, empieza a picarla, “esta loca la pelota se va para todos lados”. Se enoja cuando se le escapa y le pega. Le propongo que me la tire a mí. Alternamos tirarla fuerte y despacio. Este juego se repite, en las sesiones subsiguientes.

Al martes siguiente, cuando viene Demián elige dibujar, yo le propongo que haga a su familia. Él accede pero pide mi ayuda, “me ayudas a dibujarme” (podría ubicar aquí su pedido de consulta, dibujar un cuerpo que pueda manejar) Agarramos el lápiz juntos, y él me indicaba que hacer, yo acompañaba esto con palabras “que lindo esta Damián”. El decide pintar, y busca mi aprobación “me salí de la raya”. Guarda y decide jugar con la pelota. Le pone nombre “Romina”, y reitera el juego inicial: tira fuerte y luego despacio, a veces cuando tira fuerte dice “sana-sana y la cuidamos para que se cure”.

Cuando lo viene a buscar la mamá la interrogo por el hecho de la dificultad que tiene Demián en el habla. Se sorprende ya que no se había dado cuenta de esto “yo le entiendo todo”.

A la vez siguiente, yo le propongo jugar a la pelota. Esta vez le pegamos con la rodilla, el pie, la mano. Me dice “yo tengo todo el cuerpo lastimado porque cuando me enojo, me golpeo”. Guarda la pelota, agarra unos bichos. Y me pregunta “si te cortas el dedo que haces”. Yo le digo que te va a doler y le muestro mi dedo que esta cortado, le cuento que me paso y que dolió mucho. Me mira sorprendido. Cuando termina la sesión, se quiere tirar de la mesa, le digo que no porque se puede lastimar. Se enoja y comienza a moverse de un lado al otro, y quiere golpearse contra la pared. Yo le pregunto que le pasa, “me estoy enojando”, le propongo que hablemos deja de moverse. Viene la mamá, pregunta que paso y le digo que “Demián sabe que paso”. La mamá se angustia mucho, y le dice que le va a comprar algo muy lindo que no se enoje.

Cuando Demián viene la vez siguiente, le pregunto si sigue enojado, me dice que no que ya se le paso. La mama trae el cuaderno de comunicados con una nota de la maestra. Le propongo a el que nos sentemos a leerla, escucha atentamente y me cuenta lo que paso.

Quiere jugar a la paleta. Pone líneas imaginarias como limites de la cancha “este es tu lugar y este es el mío, vos no pasas al mío y yo tampoco al tuyo”. Guarda el juego, agarra los bichos, los divide en buenos y malos, y los pone en fila. Cuando lo viene a buscar la mama le dice “no jugué con todo mami, porque con todo no se puede”.

Cito a la mamá, en la entrevista me dice el lugar que ocupa Demian para ella “No tenía que compartirlo con nadie, estaba más tranquila en este embarazo, porque el padre ya no estaba, lo sentía más mío que lo otros. El nació en cuna de oro. No le falto nada”. Yo intervengo diciéndole que es necesario que Demian deje de ser suyo y la interrogo en esta misma línea de indiscrimación el hecho de que cuando Demián se enoja ella lo gratifica, “En realidad el mayor problema es en casa no lo había pensado así, los chicos son un desastre porque yo soy un desastre”.

A la vez siguiente leemos nuevamente el cuaderno, en la nota destaca que ya no se golpea ahora, patea sillas, mesas, objetos. Es la primera vez que me pregunta por cuando va a venir la mamá. Cuando llega, la mama me cuenta que a raíz de lo que hablamos, estuvo hablando con Matías y le pidió que la ayude con esta situación, es por esta razón que lo llamo a Demián.

En las entrevistas subsiguientes, Demián ya no se golpea, y en el consultorio desarrolla distintos juegos con plastilinas

Hace animales “Voy a hacer una viborita”. Larga. Se le corta una parte de la cola, yo agarro esa parte “no me cortaste la cola de la viborita, dámela” Yo le digo que no ya se corto ahora no se puede volver a poner, la dejamos a un lado, “no la vamos a usar ni vos ni yo”. Hace muchas viboritas. Agarra el pedazo que se cayó “esto no puede jugar porque se le corto la cola”. Hace algunas mas largas, otras mas cortas, a todas le pone la nariz, boca, ojos. Agarra una viborita y el lápiz y hace muchos agujeritos. Yo le pregunto que es y me dice “muchos ojos son para ver todo el tiempo”. Aplasta todo y deja solo 2 ojos.

Demian y la encrucijada de ser un cuerpo”todo golpeado”

Ahora bien, ¿de que nos habla ese golpearse incesante? No se puede dejar de reconocer allí la intervención de la pulsión, de un exceso en ese cuerpo que anda “desarreglado”, “desdibujado” que insiste como fuerza constante que empuja; donde pareciera que el orden de lo imaginario se encuentra desarticulado, allí donde el espejo no ha podido devolver esa imagen alienante y unificante. En este juego de pegar con la pelota cada parte de ese cuerpo “todo golpeado” y enunciarlo apunta a delimitar, a poner límite. Uno podría preguntarse ¿límite con que?. Con esa madre que busca todo el tiempo la indiferenciación, “el es un desastre porque yo soy un desastre” “yo entiendo todo lo que dice”. Si jugara con esa palabra pegarse, se podría decir también que esta necesidad de “pegarse”, pone al descubierto allí su condición de objeto, Demian se encuentra pegado a la madre, al destino irremediable de ser un desastre, de convertirse en objeto de su propio fantasma “yo tengo muchas palizas encima”. En este punto Demian pareciera no tener otra alternativa que hacerse pegar para seguir identificado a ese lugar que de alguna forma lo sostiene, sostiene el deseo como una de las funciones del fantasma.

De la pulsión, sabemos que siempre es parcial, como dice Lacan en el seminario XI, “respecto de la finalidad biológica de la sexualidad”. Además, en este mismo seminario Lacan Dice: ...” lo fundamental en cada pulsión es el vaivén con el que se estructura (...) Freud da por sentado que no hay parte alguna del trayecto de la pulsión que pueda separarse de su vaivén, de su reversión fundamental, de su carácter circular...”[1]Por lo tanto su meta no es otra cosa que la vuelta a esa circuito, de allí la metáfora de Freud, “de una boca que se besa a si misma”. Es decir en Demian insiste en ese cuerpo que se vuelve a pegar una y otra vez.

Por otro lado en el verbo “hacerse pegar”, “me pego”, se pone en evidencia el posicionamiento de ese sujeto en relación a esta acción, “pegar”.

En este punto cobran importancia las vicisitudes de la pulsión, de las cuales Freud se encarga de exponer en su texto “Las pulsiones y sus destinos”, ya que “hacerse pegar” remite a un cambio de actividad en pasividad, en donde el sujeto y el objeto parecieran convertirse en la misma cosa.

Demian nos habla de esto ya que no sabe dar cuenta de lo que le pasa a su propio cuerpo, a tal punto de no saber quien pega si el, la madre, Sandra.

Nuevamente la indiscriminación se presenta en primer plano.  

En esta misma línea me gustaría resaltar un aporte que realiza Silvia Amigo, en su texto “Afecciones del soma, cuerpo, de la combinatoria narcisito”, realiza un desarrollo interesante en relación a la constitución del cuerpo en distintos tiempos. Ella dice…”la adquisición de un cuerpo es producto de un largo y complejo tramado de operaciones que pueden llegar a buen puerto o no arribar nunca a destino…”[2]. En un primer momento contamos con ese primer cuerpo, en donde el objeto a cae como resto no asimilable al falo. El goce exiliado del cuerpo intentara recuperarse a través de los bordes del mismo.

Pero esta primera identificación aún no es suficiente, estamos aquí ante un cuerpo puramente pulsional. Dice Sivia Amigo…” es inestable, precisándose para estabilizarlo el logro de una doble consistencia(…) el espejo plano otra función del Otro, otorgará una imagen narcisista del cuerpo imagen real…”[3]. La operatoria significante producida por esta segunda identificación, permite que este objeto se pierda como objeto oral, anal, escópico, invocante.

Por último la tercera de las identificaciones, nos habla de la recuperación de ese objeto que se ha perdido en el Otro, “en los otros”.

Demian a través de su padecimiento da cuenta que esta segunda identificación no se ha llevado a cabo. El cuerpo de Demian se presenta como un cuerpo puramente pulsional, en donde los bordes no han sido aun delimitados.

Cuando en Demian se puede establecer algo de la diferenciación con madre, que haya una distancia entre ella y el, es que aparecen en juego los objetos pulsionales: “el chorizo-la boca-la mirada”. No es casual que es en este mismo momento cuando su palabra deja de ser “solo para la madre” y pasa a ser algo que puede circular entre los otros, una palabra que pueda entenderse más allá de la madre. El hecho de que pregunte por su madre también nos habla que algo del orden de la separación con el goce de la madre esta operando.

Es decir que esta constitución de objetos va de la mano con la separación de la madre. Es aquí cuando aparecen escenas solo con el padre que no solo dejan por fuera a la mama sino que esta aparece “muerta”.

Frente a este desorden pulsional, la analista con su palabra viene a delimitar, a poner coto a ese exceso, no solo con respecto a Demian a quien se lo convoca a que de cuenta de su propio padecimiento “bueno pero quien se pega vos o Sandra” sino también a la madre, quien queda por fuera, cuando se le enuncia “Demian sabe”.

Este “quedar por fuera” no es solo a través de esta intervención sino también en no recibir más los comentarios de la madre terminada la sesión de Demian.

Las diversas intervenciones permitieron por un lado el alivio de lo síntomas y por otro el despliegue de diversas operaciones simbólicas “ahora Demian puede decir que esta enojado no necesita usar su cuerpo como vehículo para decirlo”.

Bibliografía

-       Freud, S. “ Los instintos y sus destinos”, Obras completas, Tomo II. Lopez Ballesteros, Ed. Nueva.

-       Lacan, J. Seminario XI “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”, Clase XIII/XIV, Ed. Paidos, 1964.

-       Silveyra, Lucia “Una pregunta a la pulsión”, Psicoanálisis con niños hoy II.

-       Amigo, Silvia, “Afecciones del soma, del cuerpo, de la combinatoria narcisista”, Psicoanálisis >clínica, Jornadas de Escuela “ Cuerpo, Síntoma, Goces”, Escuela Freudiana de Buenos Aires, Octubre/2006.



[1] Lacan, J. Seminario XI, Clase XIV, pag. 185. Ed. Paidos

[2] Amigo, S. “Afecciones del soma, del cuerpo, de la combinatoria narcisito”, Jornadas de Escuela “Cuerpo, síntoma, Goces”, Escuela Freudiana de Buenos Aires

[3] Amigo, S. “Afecciones del soma, del cuerpo, de la combinatoria narcisito”, Jornadas de Escuela “Cuerpo, síntoma, Goces”, Escuela Freudiana de Buenos Aires