Tiempo Psicoanalisis

"Yo vengo a jugar y El Juego de la Vida es mi preferido", de Lic. María Rabellino

Lic. María Rabellino

Los padres llegan al consultorio del analista por muy diversas vías. Solemos decir: “que por ellos comienza la consulta”, porque cuando se trata de un niño estamos frente al pedido de terceros, pedido que a veces recubre una demanda de análisis de los padres. El niño, por su parte, queda ubicado en un lugar de denuncia o de testigo de una situación familiar.

El relato que nos describen del sufrimiento de su hijo, no es formulado por el niño del mismo modo. Los malestares, sufrimientos dificultades, son efecto generalmente de deseos, prohibiciones, identificaciones, defensas del psiquismo infantil pero también del de los padres y, de otras personas del entorno.

Llega la señora A, a la entrevista y se presenta como la mamá de tres niños. Una mujer de 14 años, (hija de su primer matrimonio) y dos varones, de 8 y de 6 años, (ambos de su segunda pareja). Su consulta es por Juan, el que tiene 8 años

Dice que está preocupada porque al niño le cuesta concentrarse, se olvida con facilidad de lo que le piden en la escuela, si lo anota no recuerda haberlo escrito. Lo describe como un niño hipersensible, que tiene algunas dificultades…se dispersa, charla, es inquieto y a la vez irritable.

Expresa que el nivel de exigencia de los docentes en general, es alto y requieren de su presencia ante la menor dificultad, tanto en el aprendizaje como en la relación con sus compañeros. En lengua, se come algunas letras cuando escribe y en matemáticas, va más o menos.

Además narra que los primeros años de su matrimonio fueron difíciles, hubo muchas peleas, separaciones momentáneas y Juan presenció situaciones de violencia. Está separada de su segunda pareja, desde los cuatro años del niño. Su hijo le dice: vos tenés la culpa de que papá no esté, lo extraña mucho.

A, comenta que el padre del niño es adicto, realizó tratamientos pero los abandonó y que ella lo acompañó durante mucho tiempo en esta tarea. Dice: “yo veo a Juan por su sensibilidad y ese carácter irritable, muy parecido a su padre”.

Habiendo transcurrido casi tres meses desde el inicio del tratamiento y después de varios llamados citando al padre del niño, él una tarde trae a su hijo a la sesión. En la entrevista que mantenemos manifiesta estar satisfecho con el recorrido realizado hasta el momento y quiere que lo siga asistiendo, según dice, “le hace bien”, A continuación me cuenta su historia.

Narra que a los quince años, perdió a su padre y al poco tiempo a su madre. Se hizo cargo de sus hermanos menores que son tres, dos varones y una niña, que al momento de quedar solos ella tenía 9 años.

Quedó al frente del negocio que tenía su papá, no quiso ser ayudado por su familia, porque creía que todos “se acercaban como buitres porque había dinero y propiedades”. Debido a esta situación de vida buscó refugio en la droga.

Realizó varios tratamientos, pero sin efectos aparentes. Comenta además, que trabaja todo el día, como para no pensar y no tener que consumir. El es taxista y durante los fines de semana, pasa música en boliches bailables.

Refiere querer mucho a sus hijos. Cuando puede los ve, una vez por semana generalmente. Comenta que la próxima semana iniciará otro nuevo tratamiento para su adicción.

Los encuentros con Juan

Cuando llega al consultorio por primera vez, el niño mira los juegos, los nombra y prefiere jugar al “ludo”. Acepto la invitación y mientras se desarrolla el juego, le pregunto si sabe porqué viene. Él dice que le parece que es por la escuela.

Le pregunto por los temas sobre los que tiene dificultades en la escuela y el hace un comentario, pero pide que sigamos jugando.

Descubre otro juego que no conoce, llamado “Vivir”. Me pide que le explique en que consiste y quedamos de acuerdo en jugarlo para el próximo encuentro.

En la siguiente visita, llega apurado y me recuerda que íbamos a jugar con el “juego nuevo”. El quiere ser el que maneja el dinero, hacer los préstamos. “Quiere ser la banca”.

Mientras jugamos, hago preguntas acerca de sus amigos, de los juegos que practican, y por la forma de responder de Juan, (no, si, bueno, mas o menos), interpreto que no quiere ser interrumpido.

En un momento intervengo diciendo: “es difícil manejar el dinero”, y me cuenta que él con su hermano, durante la semana, armaron pulseras de fantasía y que el domingo las vendieron en la plaza, así sacaron algunas monedas.

En otro nuevo encuentro, cuando le pregunté por su cumpleaños, me contó que iba a tener dos fiestas, una con su mamá y otra con su papá. Además refiere que su papá trabaja mucho, que cuando va a su casa los fines de semana, no siempre pueden salir porque esta muy cansado y necesita dormir.

Respecto a la figura del padre, ésta se encuentra desvalorizada en el discurso de la madre, sobre todo cuando habla de su adicción. Ella dice que él es consciente de su situación, pero que no es constante con los tratamientos.

Cuando lo visitan generalmente lo encuentran dormido. Juan quiere cuidarlo porque sabe que su papá está enfermo.

En el espacio de la terapia, Juan encuentra a alguien que tiene tiempo para él, con quien se puede jugar, donde es escuchado, se divierte, y el tiempo de la sesión le resulta corto.

Lo que marca la modalidad de la transferencia en la clínica con niños , es el juego mismo, ellos vienen a jugar, no es que vienen por un saber supuesto a un sujeto, el del analista, sino por su pasión de juego. Invitamos al juego para que otra apuesta se juegue allí.

El juego es el que defiende al niño de la omnipotencia parental y mientras está en marcha, nosotros ,estamos para sostener un espacio que es soporte de los cambios que se van produciendo.

A medida que se va desplegando podemos leer simbólicamente los conflictos que allí se muestran y las representaciones psíquicas que un niño tiene de lo que le está ocurriendo.

La transferencia se presenta en el dispositivo por el lado de la repetición. Repetición no solo en el juego, sino también en la modalidad de hacerlo.

El niño al jugar produce escenifcaciones, despliega rasgos de carácter con los que va modelando el juego.

Juan elige una y otra vez el juego “Vivir” y él quiere ser la “banca” Banca significa para él manejar el dinero. Desde allí me propuse, trabajar ésta palabra en relación a otros significantes y buscar otros valores.

Sabemos que el valor del significante, es opositivo y diferencial. Pensarlo en relación al dinero da un valor al término, pero podemos encontrar otros. Banca puede relacionarse también como, bancarse el cambio de colegio, perder amigos, cuidar a su hermano menor, bancar al padre que necesita que otros lo cuiden. Reconocer que tiene el mismo carácter irritable y la sensibilidad de él-

En el Seminario IV, (La Relación de Objetos y las Estructuras freudianas), y según lo que dice Lacan:

Yo vuelvo siempre a esto. El uso del significante no es concebible sino si ustedes parten de esta idea : El juego del significante es la permutación, es decir cambio de lugar”.

Pensar así este término (mancarse o banca), asociándolo a las distintas situaciones de Juan, me permitió generar diálogos y a partir de ellos, é pudo poner en palabras sus dificultades.

Por ejemplo respecto al tema del dinero, Juan dice: “Mi mamá hace cheques, maneja dinero de la gente de los departamentos”. Le pregunto sobre el trabajo de su mamá y contesta: “Como yo lo tiene guardado al dinero, como yo que guardo el que me da mi papá”.

El niño cuenta otra situación vivida en un fin de semana: “ La casa donde vive mi papá está vieja, hay un techo que se llueve. El mme contó que el domingo lo va a arreglar. Yo cuando vaya lo voy a a ayudar, porque está enfermo y se cansa”.

Otro aspecto de la transferencia que quiero destacar, es el que manifiesta Lacan:

...Pongamos los puntos sobre las ies, Uds. saben que el síntoma no puede ser interpretado directamente, que es necesaria la transferencia, es decir, la introducción del Otro.”

Aquí a la “introducción del Otro”, la llama transferencia. Es decir, tenemos un sujeto, un otro y un espacio intermedio, que es el terreno de la transferencia. Ese espacio de encuentro, ese modo particular de relación, gracias a la cual podemos interpretar, ya que no hay posibilidad de interpretación sino es por medio de la transferencia, a través de ella. Es un lenguaje compuesto y para nosotros en la clínica con los niños, puede estar compuesto, por palabras, dibujos, juegos o textos.

La relación entre el analista y el paciente es una relación particular por un doble motivo. No es una relación de tipo ordinaria ; no es cotidiana, no es algo habitual. Tiene una marca distinta de otras situaciones. Se trata de algo que solo ocurre en un encuentro, no está en las sustancias que se encuentran, sino en el hecho del encuentro. No está en el analista ni en el paciente, sino que la transferencia, entre ambos.

Es una especie de proceso circular, que esta en constante producirse, en constante devenir, un arco que abre la circulación entre la posición del sujeto y la del Otro. Esto nos habilita para pensarla como un proceso dialéctico y en constante renovación

Durante la semana el llama a su papá y arreglan salir, pero no siempre pueden concretar. Además dice que su papá está enfermo, le comenta que tiene que ir al médico. A el no le importa no poder salir con él. Solo le interesa que se cure.

Otros detalles de estos encuentros, se refieren a los cambios de colegio donde fue perdiendo amigos, a los que extraña.

Donde está actualmente, todavía no ha logrado hacer un grupo, solamente juega con uno de ellos, al que nombra como “Erut”. Cuando le pregunto por este nombre, me cuenta que es el apellido. En ese “cole”, te llaman por apellido. A mi también me llaman por mi apellido”, somos dos Juan.”.

“A mi me gusta que mi papá me vaya a buscar al cole, yo lo muestro a mis amigos.”

Transferencia y recorrido

En el texto sobre la dinámica de la transferencia, Freud dice: “ Todo ser humano, por efecto conjugado de sus disposiciones innatas y de los influjos que reciben en su infancia, adquiere una especificidad determinada para el ejercicio de la vida amorosa, o sea, para las condiciones de amor que establecerá y las pulsiones que satisfará, así como para las metas que habrá de fijarse...” .

Asimismo expresa que cuando la necesidad de amor de alguien esta insatisfecha, su libido la depositará en otras personas, como también sobre el médico. Tal es así que insertará el profesional en una de sus series psíquicas, las que el paciente ha formado hasta ese momento. (Padre, madre, hermanos). Freud aclara que no solo las representaciones conscientes sino también las inconscientes producen las transferencias sobre el médico.

Esta parte del recorrido del texto de Freud, podríamos pensarlo en relación a Francisco, quien es un niño que tiene una madre, con poco tiempo disponible para él, que lleva a delante la economía de la casa y de todo lo necesario para el hogar. Ella misma dice que se encuentra desbordada por las responsabilidades y que además de todo lo que desempeña, esta presionada por el colegio que le demanda ocuparse de un niño calificado como “hiperactivo”.

La fuente del saber para el niño, son sus padres. A ellos se anuda la transferencia y se orientan sus preguntas. El porqué, el donde, el cuándo, solamente surgirán si ellos no los decepcionan y pierden su confianza.

El germen de la transferencia comienza con los padres y más tarde, podrá enlazarse a otros.

Pensando en el desarrollo que se hizo en este caso, desde el momento en que decidí avanzar sobre el tema , pienso que en la frase “bancarse situaciones”, el niño llegó finalmente a comprender, que tenía que soportar por un tiempo, que su papá, con la ayuda de un tratamiento, lograría luego estar junto a él para compartir todo lo que ansiaba.

Este trabajo, permitió que su mamá en las ultimas entrevistas contara que en el colegio había cambios en su conducta y, que la sorprendía en casa cuando le pedía que fuera a estudiar, y el obedecía.

Al repasar la tarea del colegio ella ve ahora con que facilidad retiene los temas y los explica.

Afirmar que el psicoanálisis de niños es psicoanálisis, deviene de pensarlo en relación a la transferencia, donde la articulación significante, soporte de la constitución de un lugar supuesto al saber, delimita el lugar de un analista, relevo de la función de los padres.

Desde esta posición se trata no de recrear una historia sino de la invención de la novela allí donde la estructura revela el tiempo de la imposibilidad. No hay un antes a develar sino un hoy a producir.